Temas

LECTURAS RECOMENDADAS

Un idioma para la integración social. Día 21

Por Juan Manuel Chávez

Día 21 (miércoles)

Panel aeropuertoHoy iniciamos la clase con tres grabaciones. La primera, ambientada en un aeropuerto, con el ruido de motores a lo lejos, anuncios de las partidas o llegadas de los aviones y la conversación de una familia que indaga sobre la puerta de abordaje antes despedir al hijo que se va; la segunda, en una estación de trenes, con un grupo de amigos que buscan el andén número cuatro; la tercera, en una parada de bus, con una joven que saluda, paga el billete y pide permiso para ubicarse al lado de una señora.

El primer reto fue lúdico: invitar a los estudiantes a descubrir en qué lugar sucedía cada una de las escenas. Wafaa estuvo no solo acertada, sino divertida. Luego, guiarlos hacia la comprensión de la situación que se vivía o la problemática que enfrentaban los personajes. Finalmente, captar el sentido de las indicaciones que unos y otros se brindaban, a la vez que adaptaban su lenguaje a muchas fórmulas expresivas, sociales y discursivas.

Según Pilar Yagüe Gutiérrez, en su artículo «Las “formas rutinarias” en la enseñanza de ELE. Teoría y práctica» de Forma 6: “Todo lo que decimos no es siempre nuevo, hay una parte que se repite una y otra vez […], estructuras prefabricadas que los hablantes utilizan en determinadas situaciones lingüísticas y que son imprescindibles para el comportamiento aceptado de sus miembros” (p. 10); como las fórmulas de cortesía, de disculpa o de saludo, por ejemplo. Estas, que en su mayoría pertenecen al nivel coloquial del idioma (“mil gracias”, “de todas maneras”, “el gusto es mío”, “a su servicio”, etc.) facilitan la comunicación; incluso, como sostiene la autora, la hacen cómoda hasta lo previsible.

Por eso, luego de escuchar las grabaciones, teatralizamos varias situaciones en las que tuvieran oportunidad de practicar estas y otras “formas rutinarias” (“¿gusta usted?”, “qué aproveche”, “qué es de tu vida”…). Henry, Paulinus, Matthew y Riad se valieron de ellas con acierto destacable y mayor expresividad que sus compañeras; pues como residen en España desde hace más tiempo, tienen una considerable familiarización con las fórmulas de cortesía, de disculpa, de saludo, entre otras. Y a partir de esta ventaja, también asumieron una postura crítica en torno a su uso: no debe ser excesivo, se restringe a ciertas contextos y no a otros, y debe ser natural, espontáneo.

El énfasis puesto en las “formas rutinarias” abrió el camino hacia los hábitos que tienen las personas; asimismo, sus ocupaciones. Por tanto, intentamos estructurar, a partir de una lectura, cómo puede ser la semana de una estudiante, de un obrero y de un funcionario. Desde el horario para levantarse hasta la opción de tomar la merienda o el tiempo que dedica al ocio, cada uno de los estudiantes expresó también cómo lleva su vida un domingo por la mañana, un viernes por la noche o el miércoles después de nuestra clase.

Con todo, Henry lanzó una pregunta directa a sus compañeras musulmanas, Wafaa y Khadija: “¿Van a discotecas?”. Ellas respondieron de forma negativa, ya que no les interesaban. Henry consultó luego sobre el consumo de licor: “¿Ustedes beben?”. Ellas dijeron que no; a lo que Henry comentó: “Pero los hombres sí”. Wafaa lo miró con desasosiego, mientras Khadija explicaba que los hombres musulmanes tampoco debían beber. Henry y Paulinus sonreían. Wafaa, inquieta todavía, dijo a sus tres compañeros: “A ustedes nos les gustan los musulmanes”. La frase, incluso más frontal que el primer cuestionamiento de Henry y decididamente apelativa, funcionó de manera estupenda en el aula: ambos explicaron en el acto que no pretendían molestar, que seguro se habían hecho una idea equivocada, que era simple curiosidad, que no tenían nada en contra del Islam. Lejos de alguna tensión, Khadija se animó a relatar cómo eran sus fines de semana en su ciudad natal.

Entonces, me animé a preguntar a mis estudiantes sobre el recorrido que hicieron hasta llegar a Valencia, pues nos daba la oportunidad de evaluar la ubicación espacial de cada uno, con respecto a un mapa; ejercitar la memoria en torno a ciudades y plazos; pero, ante todo, participar sensiblemente de la experiencia compleja y colectiva de emprender el camino hacia lo extraño.

Riad dijo que tomó un barco desde Argel y, luego de ocho horas, llegó a Valencia. El viaje de Khadija fue más largo, aunque partiera de un lugar tan cercano como Tetuán, en Marruecos: cuarenta horas en una embarcación. Por su parte, Paulinus dejó atrás la capital de Nigeria en avión; pero no lo hizo en un vuelo directo a España:  tuvo una escala de medio día en Roma, luego en Atenas, pronto en Viena y, al final, en Gerona. De Gerona, llegó a Valencia en tren. Wafaa habló de un vuelo tranquilo desde Beirut y sus múltiples escalas. La travesía más larga y compleja de todas fue la de Matthew, quien salió de Lagos en auto y, como pasajero de un vehículo inglés para cinco personas en que viajaban seis, recorrió el África desde el Oeste hasta el Norte, en Marrakech. De ahí, abordó un navío hasta una isla del Mediterráneo y de esta a otra: tocó las costas de Valencia tres meses después de su partida.

Henry contempló a su compañero y no agregó ni relata nada. Estaba, como todos los demás, conmovido. La clase había terminado.

5 comments to Un idioma para la integración social. Día 21

Leave a Reply

You can use these HTML tags

<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>